27 de julio de 2012

Pequeños detalles

 
Hace unos días, estaba sentado en un pequeño porche de una casa de pueblo en la montaña; el jolgorio del  Gorrión Común Passer domesticus  era constante a un metro por encima de nuestras cabezas.

El alero de unos dos metros albergaba una colonia de gorriones nidificando entre la teja y la madera, las idas y venidas eran constantes; entraban desde un pino y cerezo cercanos, unas veces con material para el nido y otras con capturas para la ceba.  En estos árboles, otros gorriones, alimentaban a escandalosos jóvenes que aleteaban constantemente.



Con tanta tentación rondando en un mundo paralelo,  verdadero esfuerzo me supuso seguir en el mundo de mis interlocutores; ahora me he dado cuenta que,  no he hecho todas las fotografías que debía, pajas colgando de los huecos del alero…, pollos o él propio alero.

Pese a ser escandalosos y un poco sucios, los gorriones parecían ser apreciados por mis anfitriones, yo sentía envidia de tan ruidosa compañía.

Ya he dicho en más de una ocasión que el declive del Gorrión común, desde mi punto de vista, tiene que ver con una serie de factores y no con uno solo.

Enlazando con la entrada anterior en el tema de rehabilitaciones…, el tener una casa llena de vida es cuestión de pequeños detalles, sin coste añadido.

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