18 de junio de 2013

Bosque maduro


Una pequeña mancha de bosque maduro, es una especie de panacea para un aficionado a la naturaleza, con la sola visión de lo que te rodea te olvidas de los achaques.
 Sin entrar en la importancia que tienen para el suelo, en como regulan hidrológicamente u otros aspectos de su influencia medioambiental, este tipo de bosques, como hábitats para los animales, son una maravilla.
Para la fotografía que suelo hacer, cámara en mano y sin iluminación, no son tan maravillosos; contrastes muy fuertes de luz, zonas sombrías que obligan a hacer fotografías a ISO muy altas, en algunos casos, al límite.
Todos los ejemplares que os pongo en esta entrada, son vecinos del Pico mediano de la entrada anterior.

Uno de los ocupantes de los numerosos huecos que mostraba este viejo robledal, el Trepador azul Sitta europea; en estas fechas está muy atareado en sacar adelante a sus polluelos, la simple observación de sus idas y venidas, hace que se descubra el nido que con esfuerzo ha confeccionado. Podéis ver como lo hacen en la entrada:  El Trepador azul, trabajando duro.



No solo se alimenta a los pollos, hay que limpiar el nido y sacar los sacos fecales; se hace para mantener la higiene y evitar que el olor de pistas sobre la presencia del nido.



Se enfadó conmigo y me hizo apartar de la base de un viejo roble, el Carbonero garrapinos Parus ater; un agujero entre las raíces del árbol le servía de nido. Un furibundo e insistente aleteo, en principio pensé que era un pollo pidiendo comida, me hizo ver que molestaba. En otra entrada del blog se puede ver un nido del  Carbonero garrapinos.


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