13 de diciembre de 2010

Las cascadas del río Buanga

El río Buanga es una torrentera con varios saltos de agua  importantes, la vistosidad se aprecia cuando el agua es abundante. Hay una pequeña zona  boscosa con castaños, robles, hayas, avellanos… frutales abandonados  y gran variedad de arbustos y flora.

Saliendo de la parte alta del pueblo donde hay franja de terreno con árboles y tierras abandonadas; comienza una castañal y lo primero que veo es el Trepador azul.
No tengo mucha suerte él, como de costumbre termino sin esa fotografía que me gustaría; lo perdí rápido de vista y fue la vez que más cerca lo tuve.

Caminamos por la hojarasca sembrada de castañas, bellotas y otros frutos de lo que parece un abundante otoño. Después de la nieve y con la  subida de las temperaturas hay una gran cantidad de agua, veo como  algunos frutos ya germinan.
En la zona más alta, a la altura del último salto del agua una Ardilla roja me distrajo de ver a: Petirrojos, Mosquiteros, Agateador común, Carboneros, Herrerillos, Mitos…La Ardilla, con colores más oscuros y los penachos de las orejas largos, como corresponde a la época en la que estamos; aprovecha un rayo de sol y hace algunas posturitas. No me puedo acercar más, paradoja: acercándome me alejo.

















Bocata y ver un poco los saltos de agua que el día es corto, la luz escasa;  la foto es de otro día.
La torrentera de Buanga termina en el río Trubia, en este tramo el río discurre paralelo a una carretera local, la  parada obligatoria; ya con poca luz recorro el tramo urbanizado y le dedico unos minutos al Mirlo acuático que está abonado a la zona, me voy viendo Azulones, Lavanderas…  habrá que volver en primavera.
 Un lugar más en el que podemos ver como la mayor parte de nuestra  Comunidad está convertida en un basurero, lugares que tienen un gran potencial natural y una alta atracción paisajística.



Abunda la información en Internet sobre la ruta.

3 comentarios:

  1. Un lugar delicioso. Y la ardilla, no digamos. Qué suerte. Nunca he tenido la fortuna de encontrarlas por la montaña, pero una vez se me subió una encima en los pinares del Zoo. Fue lo más. Así que supongo que si me pasase algo lejanamente similar por el monte, donde no están acostumbradas a tratar con el hombre, me moriría en el acto de la ilusión.
    Un saludo desde Hervás

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  2. Hola salomé, yo nunca la había tenido tan cerca en el monte, ni en el parque; son esos momentos en los que se contiene la respiración y deseas que no terminen nunca.
    Gracias y saludos desde Gijón.

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